¿Son las mujeres y los hombres drogodependientes iguales o diferentes?

Compártelo:

Compartir en FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Compartir en LinkedIn
image_pdfimage_print

 

La respuesta es sencilla: son DIFERENTES. La explicación la podemos encontrar cuando pensamos en los roles y mandatos de género, que a toda persona nos subyugan y que suelen ser más inclementes para y con las mujeres.

 

El concepto de “rolessness” acuñado por Londsdale puede dar más luz a este asunto. Hace referencia a la carencia de un lugar o función social.

 

En este sentido, la sociedad no espera nada de la mujer drogodependiente, ya que ha demostrado y/o se la presupone incapaz de hacer frente a los roles que, tradicionalmente, se atribuyen a las mujeres.

 

Esta negación de un lugar o rol social sitúa a la mujer drogodependiente en evidente situación de desventaja emocional, social o económica (entre otras). El rolessness las hace invisibles, las resta credibilidad y las aleja de los recursos, la asistencia y la posibilidad de intervención.

 

Se las percibe –y peor aún se autoperciben- incompetentes a la hora de dar respuesta a los patrones que se esperan de ellas (madre, esposa, trabajadora, cuidadora…). El resultado es la invisibilidad.

 

drug-addicted mujer drogodependiente,  Bangkok Thailand reload

Foto Flick de Transformer18. Drug-Addicted
Bangkok Thailand reload.

Llegados a este punto se pueden comprender mejor las diferencias entre los hombres y las mujeres drogodependientes.

 

La dependencia emocional es una cuestión clave, así como la doble dependencia (de la droga y de la pareja). Muchas mujeres drogodependientes se emparejan con hombres drogodependientes, es más empiezan a consumir a través de su pareja ya consumidora.

 

Suelen depender de su pareja, que se encarga de conseguir la droga. Aunque también se da el caso de tener que ejercer la prostitución para pagar el consumo, dependiendo de su “chulo”. Así sumamos la dependencia económica a la emocional.

 

Mientras el hombre drogodependiente cuenta con más apoyo familiar y conserva el vínculo familiar, la mujer consumidora suele estar sola y sus vínculos familiares son muy frágiles o inexistentes.

 

El motivo es que rompió con el camino marcado, con las expectativas parentales, y eso no se la perdona tan fácilmente como al hombre. Y el resultado es que ella misma silencia su problema, se aleja de su familia para evitar que conozca su situación.

 

En una cultura que sanciona el consumo por el hecho de ser mujer, su autoestima está maltrecha. Por ello es más frecuente encontrar depresión, sentimientos de ineficacia, culpa, vergüenza, violencia de género o mayor prevalencia de patología dual. En tanto que los hombres consumidores manifiestan más problemas de conducta antisocial, delictivos o económicos.

 

Esta menor permisividad social al consumo de las mujeres resulta en un menor acercamiento a los recursos de drogodependencias que, por otra parte, suelen estar diseñados en clave masculina, y olvidan que la mujer drogodependiente que acude a un recurso busca ayuda y un espacio de comprensión, más que tratamiento.

 

Escrito por Eva Gutiérrez Hernanz autora del curso Análisis teórico, estrategias e implementación de la reducción de daños y riesgos con personas drogodependientes.

 

Actualmente no hay comentarios.

Deja un comentario