Sexo, placer y reproducción, son tres conceptos y no dos

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Los términos, significados y conceptos que se emplean para hacerse con lo que nombramos como realidad son algo muy relevante y revelador.

 

Tal vez por ello convenga comenzar por una obviedad: sexo, placer y reproducción son tres conceptos y no dos. No parece difícil estar de acuerdo en esto. Sin embargo, el asunto no está tan claro a juzgar por algunas expresiones de uso frecuente como “reproducción sexual”, “placer sexual”, “órganos sexuales” o “deseos sexuales”.

 

Se suele insistir en que la separación clara e indiscutible entre reproducción y placer fueron los recursos y métodos anticonceptivos, especialmente los conocidos como “píldora anticonceptiva”.

 

De esta manera, se entendió muy bien que una cosa era la reproducción y la otra el placer.

 

Los dos conceptos quedaban bien diferenciados. Lo que en ningún momento se cuestionaba era la conducta central en ambos, la cópula o penetración vaginal peneana. Con ello, se apartaba de la finalidad copulativa a la descendencia  y se colocaba en su lugar al placer.

 

Hoy ya no se dice cópula -suena  antiguo- y se dice más “follar”. Pero es lo mismo. Cuando uno dice que va a hablar de sexo, en el imaginario colectivo se entiende que se va a hablar de follar o de su periferia, que sigue siendo el tema de los genitales y sus usos.

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Como consecuencia de todo ello cuando decimos sexo hablamos generalmente de genitales y placeres y rara vez de sexo, de hombres y mujeres. Es por ello que la matización de “sexo, placer y reproducción son tres conceptos y no dos” es importante realizarla y más en este curso puesto que cuando abordemos el sexo, los sexos, lo haremos como hombres y mujeres.

 

Y esto es el concepto moderno de sexo que surge en la Ilustración en el marco del cambio epistemológico que se produjo en Occidente a finales del siglo XVIII. Un nuevo concepto que permitió a los hombres y las mujeres comenzar a explicarse a sí mismos, desde sus identidades y deseos, en condición de simetría e igualdad para la convivencia. Y no como machos y hembras, desde los genitales y sus usos.

 

Escrito por Samuel Díez Arrese Sexólogo y por Almudena Herránz Roldan. Sexóloga y Educadora Social.

 

 

 

 

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