Las evaluaciones elaboradas como un traje a medida.

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Evaluacion-proyectos-sociales

Anabel Morrás Bartolomé es autora y tutora del curso “Diseño, implementación e interpretación de Evaluaciones de proyectos sociales y educativos”.

¿Qué crees que aporta la evaluación a la intervención social?

Una intervención sin evaluación, no es una buena intervención. La evaluación se constituye en un ‘mecanismo de control’ de lo que se está haciendo.
Nos permite conocer qué y cómo sucede lo que sucede, informar a los diferentes agentes, ya sean financiadores, responsables políticos y técnicos, población destinataria… y también, desde la perspectiva de la persona que evalúa, supone una oportunidad de aprendizaje continuo de los procesos que operan en la intervención social.
La ausencia de evaluaciones tiene múltiples efectos perversos…
Si no evaluamos, no sabremos si el dinero invertido está consiguiendo los objetivos deseados; nos puede llevar también, a mantener y repetir errores en los métodos de intervención; provocar la desafección de la población usuaria por los servicios que se prestan; etc.

 

¿Por qué crees que es importante dar un impulso a las prácticas de evaluación en las políticas públicas?

 

Nos podemos preguntar si evaluar es un gasto o una inversión. Sin duda es una inversión. Conocer los procesos, mejorarlos, ofrecer resultados sistematizados, rendir cuentas, optimizar los recursos, son objetivos con una clara orientación de futuro.
Evaluar, nos permite argumentar de un modo profesional y lo más importante, nos permite tomar decisiones.
Supone también un claro avance en la calidad democrática de las comunidades por su contribución a una mayor transparencia y porque permite la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos.

¿Qué debe reunir una buena evaluación?

Una buena evaluación debe ser fundamentalmente útil. Su puesta en marcha debe ser sencilla, para que también sea práctica. De nada sirven complejos sistemas de control que nadie entiende y que no permiten extraer recomendaciones para el futuro.
La evaluación no debe ser una respuesta vacía a requerimientos ajenos, sino una fase de la intervención dotada de sentido y a la que es obligado extraer el mayor jugo posible.
Además se deberá incluir un plan de comunicación adaptado a los diferentes agentes implicados, ya sean financiadores, técnicos o destinatarios.

 

¿Cuáles crees que son los grandes obstáculos para el desarrollo de evaluaciones?

En ocasiones pensar en ‘evaluación’ es pensar en problemas. Nos podemos enfrentar a una falta de cultura de evaluación, a intereses espurios de los técnicos y/o los financiadores, a una deficiente planificación, a una falta de financiación, a la escasez de conocimientos técnicos de algunos miembros del equipo… Sí, éstos son obstáculos que nos vamos a encontrar en nuestra práctica profesional.
Pero en los últimos años se ha generado un cambio importante en positivo. Cada vez es mayor el encargo de evaluaciones ya sea por requisito de los financiadores, por la necesidad de rendir cuentas o incluso, por la confianza en que supone un auténtico elemento de control del proceso de intervención y de los objetivos deseados.
Cada vez son más y mejores los materiales y documentos elaborados por personas expertas sobre los fundamentos y métodos de evaluación que nos facilitan el trabajo de diseño y de la comunicación de los resultados.
Las evaluaciones deben ser elaboradas como un traje a medida, esto, lo convierte en un trabajo que requiere una constante innovación y creatividad. Por eso cuando diseñamos una Evaluación nos convertimos en artesanas y creamos una pieza única.

 

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