La reflexión como método de aprendizaje.

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Escrito por Alejandro Fernández-Osorio, Psicólogo especialista en Psicoterapia Psicoanalítica, Psicoterapia Breve y Antropología. Autor y tutor del curso: Psicoanálisis para profesionales que trabajan con personas.

La razón por la que parto de semejante título y decido ahondar en la cuestión de la reflexión, parte de un comentario reciente de un estudiante de psicología tras el primer día de una clase de máster.


El chico, tras finalizar su carrera con buenas notas, acude a la presentación de una de sus asignaturas de máster de psicología clínica y se sorprende ante la propuesta inicial del profesor que dijo a sus alumnos que a esa asignatura se iba a reflexionar, no a acumular información; que se prepararan para reflexionar, pues ese sería el cometido del curso.
La sorpresa se basaba en el hecho de que ningún profesor con anterioridad le hubiese planteado la asignatura de ese modo, llegando a encontrarse algo incómodo por el hecho de que no fuera a darles unas pautas claras y precisas que seguir, sino que se planteara la reflexión, el cuestionamiento y el abordaje de lo incierto como el objetivo principal hacia el que partían.

El trabajo con las personas no es una ecuación matemática controlable. Las fórmulas están reconstruyéndose continuamente en el propio cambio que supone ser humano.

Esto, evidentemente, no quiere decir que no exista una serie de patrones desde donde se explique nuestra experiencia común, pero estos patrones siempre han de estar abiertos a la especificidad de cada persona, lo que multiplica las posibilidades hasta el punto de hacerlo casi incontrolable.
La manera más inteligente y realista, al tiempo que la más rica, de afrontar el estudio de la psicología humana, es abrirse a la reflexión y el cuestionamiento. Sí, para más inri, hablamos de una clase de psicología dinámica, psicoterapia, o cualquier asignatura que conlleve una preparación para el trabajo con la persona, no existe otra opción que sentarnos a reflexionar sobre esta.
Recojo esta anécdota porque no es una reacción inusual. El estudiante, tras haber terminado la carrera de psicología, se presenta en un máster con la sensación de no haberse detenido a reflexionar en toda la carrera. Ha tenido suerte, otros tantos se lanzan al trabajo con las personas seguros de sus técnicas aplicables y sus guías de acción, y, de repente, la persona que tiene delante revela otras necesidades o dificultades y le tira por tierra toda opción diseñada de ante mano.
Entonces, el profesional, antiguo alumno poco acostumbrado a la reflexión, se encuentra sin opciones y herramientas de construir camino. Tendrá que pensar soluciones, analizar los errores, los factores que han determinado ese punto, posibilidades, tendrá que comprender de manera honda que se está cociendo dentro de la persona y de él mismo, y entonces se topará con la dificultad, porque no habrá guía matemática en la que apoyarse.
Todo el material que ha ido acumulando a lo largo de la vida no ha sido suficiente para darle seguridad en el encuentro con otra “instancia móvil” que es la persona. Si ha tenido suerte y a lo largo de su formación ha asimilado y comprendido determinadas técnicas y herramientas, la capacidad de reflexión le posibilitará acceder a ellas con considerable atino.
Si por el contrario, lo que ha ido haciendo durante toda su formación es acumular sin contemplaciones la materia vertida por el profesor de un modo unidireccional a la espera de ser devuelta a final de curso, nos encontraremos con que las técnicas se han olvidado o, en el mejor de los casos, se recuerdan pero no cuadran con la persona que tenemos ante nosotros.
Un profesional de las personas debe basar su modo de acción en la reflexión. Ha de permitirse poder pensar, confundirse, reconstruirse, y permanecer en la duda. Ha de tener un conocimiento del funcionamiento del ser humano suficiente para poder pensar desde él. Si lo tiene, sabrá que las teorías son aproximaciones y sobre ellas debe de erigirse el conocimiento cambiante.
El curso sobre psicoanálisis aplicado a los profesionales que trabajan con personas que proponemos en E-Thinking Formación reclama la reflexión como punto de partida. El material ha de permitir al alumno reflexionar sobre lo que va aprendiendo en relación con lo que ya sabe y lo que es, ya que en última instancia, su persona es la herramienta de trabajo.
El estudio de determinados mecanismos psicológicos y de las propuestas que describen cómo se va perfilando la identidad afectará al alumno directamente obligándole a reflexionar sobre sí mismo, su manera de sentir y de trabajar.

La reflexión no sólo puede quedarse en lo profesional, sino que exigirá plantearse cuestiones personales.

Esto abrirá dos líneas de trabajo, una, la referente al material del curso que se establece con las actividades y las dudas del tema, otra, con las conclusiones personales que cada uno irá sacando a la hora de relacionarse de un modo deliverado con la información.
La reflexión ha de convertirse en modus operandi del profesional que trabaja con la persona, al mismo nivel que la duda y la curiosidad sobre la que erigir un conocimiento cambiante y siempre ampliable.

 

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